Anhelado Júbilo
- Claudia Espinoza
- 5 dic 2018
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 5 dic 2018
Uno de los elementos básicos del lenguaje fotográfico es la luz y el tiempo, no solo intervienen en el proceso de creación, sino que sigue afectando la imagen de la fotografía a lo largo de su finita existencia. Ni las mejores condiciones de conservación consiguen que estas imágenes dejen de envejecer y se deterioren hasta desaparecer.
Así como la luz penetra el objetivo de la cámara y el tiempo que transcurre durante la acción de captura dan lugar al nacimiento de una nueva imagen, hasta su muerte, condicionada a la vez, por los efectos de la luz y el tiempo, que operan transformaciones físicas, alterando los pigmentos químicos y el material de soporte. Esta manera de entender la fotografía dentro de un ciclo biológico, es lo que trato de visualizar, como una analogía con las personas de la tercera edad, donde percibo el deterioro del ser humano al igual que las imágenes fotográficas. Su proceso degenerativo se inicia desde nacimiento, crecimiento, reproducción y finaliza con la Muerte. ¿Después que pasa con la fotografía, entrega su alma sus imágenes y comunicaciones al igual que los seres humanos?
Nuestro país se encuentra en una transición demográfica avanzando hacia el envejecimiento poblacional. Es un hecho que estamos envejeciendo y que en un futuro cercano, la llamada tercera edad, superará en número a jóvenes y niños. ¿Pero desde cuando podemos considerar tercera edad? Algunos consideran que comienza a los 60 años y otros a los 65 años incluso se habla sobre los 70 años, situación que ha obligado a prolongar el tiempo laboral por razones económicas, ya que las pensiones no les alcanzan para sobrevivir, en algunos casos solo financian sus remedios. Siento que nuestra sociedad no valora a nuestros ancianos, que son vistos como números que producen un alto costo, en pensión, salud y actividades recreativas.
En mi taller de enmarcaciones, muchos de mis clientes son personas de la llamada tercera edad, quienes pertenecen a Talleres laborales, o club del adulto mayor donde les enseñan a bordar, tejer, pintar y hacer un sin número de actividades artesanales o simplemente se juntan para compartir, a tomar té, a jugar bingo, planificar un paseo a la playa o salir juntos a alguna actividad cultural.
Al conversar con dichas personas, sentí la inquietud de visibilizar aquellas imágenes que me impactaron, por su historia, sus sentimientos, su vida emocional y como viven sus últimos años, con un anhelado jubilo.
Por ejemplo Rosita, una señora viuda de 75 años, que vive sola, vino a verme para que enmarcara una foto donde ella, en su club de ancianos salió elegida Reina del año 2017, cuando me contaba su experiencia, parecía una jovencita de 15 o 17 años, se sentía hermosa, resplandeciente y juvenil, esta imagen ahora era parte de su memoria.
Amelia, en los inicios de una enfermedad tan terrible como el alzhéimer, quiso retratarse con su familia antes de olvidarlos por completo, me emociona recordar el amor con que su familia participó.
Hace unos meses, escuche en las noticias. Que hay personas ancianas que viven con tanta vulnerabilidad y abandono que no encuentran otra salida que el suicidio de mutuo acuerdo, con el argumento de “descansar en Paz”.
Fue en ese momento que sentí la necesidad, de trabajar en la memoria de un país con amnesia, de hacer algo para registrar las imágenes de aquellas personas que tenía más cerca, como punto de partida mis padres, vecinas, clientes y madres de mis amigas.
Esta muestra es una recopilación de muchas fotografías, donde percibo tanto tristeza, como el miedo a que en la imagen se descubra su real estado de ánimo y psicológico, noto mucha timidez a entregarse a la escenificación y sugerencia mías. Soledad, su vida gira alrededor de su propia existencia, viven en casas oscuras y sin sus hijos que las acompañen. Viven en dos mundos, el de su casa y el de fuera de ella, buscando la compañía de sus pares integrando diferentes talleres sociales. Viven con una aparente felicidad en cuidado de sus mascotas y plantas. Sus frustraciones están relacionadas a los errores cometidos en su vida y a los problemas personales no asumidos y no superados. Sus muros de contención están relacionados con lo religioso, espiritual o esotérico.
Cada foto es la historia de una vida, la alegría de vivir un amor, es un descubrimiento, un espejo, una ventana. Desde donde observo la postura de la ancianidad, que me provoca aparente ceguera con su misteriosa imagen que parece renacer dentro de las penumbras y con luz tenue que la vela me produce.
Claudia Espinoza Díaz



Comentarios