Proyecto La Ciudad
- Claudia Espinoza
- 1 jul 2018
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 jul 2018
Manos Artesanas
Estas son las manos que tallaron mi vida, me acariciaron, me protegieron cuando tuve una caída y curaron mis heridas, me alimentaron, me vistieron, me hacían las trenzas, me llevaban a la escuela y apoyaron mis primeros pasos hasta el día de hoy.
Manos grandes, fuertes y robustas, llenas de astillas y polvo de la madera labrada. Juntos, él tallando y yo lijando, creamos un mundo maravilloso, donde descubrí que su vida de artesano me transmitía un sentimiento que no quería ver, pero que no pude controlar, porque era el lenguaje que escogimos para comunicarnos. Fue el amor al trabajo manual, a la madera, al arte que nos acercó y creó un vínculo con mi Padre. Y aunque al principio no entendía su desorden, su desparramo de madera; pronto me di cuenta que tal como un labrador esparcía sus semillas, eran ideas, proyectos o trabajos que esperaban ser terminados, y fui observando esas semillas germinar, sofá, sillas, camas, puertas, ventanas, mesas y un sin fin de objetos que tenías en tu memoria. Todos tus palos eran importantes por que constituían una obra de arte por terminar, tus manos tenían el objetivo de resucitarlas para que resplandecieran por sí mismas.
Me viene a la memoria y con mucha nostalgia al pensar que su fuente de inspiración es Maquehua, lugar donde nació, viendo a mi abuelo talar árboles para la construcción de embarcaciones marítimas; Lanchones y Faluchos Maulinos. Lugar hermoso donde se llega por tren o en bote rio arriba desde Constitución. Paisajes sacados de un paraíso inexplorado, rio Maule con transparentes aguas, generoso con sus peces y su refrescante agua, bosques con diferentes tonalidades de verde, cerros que te invitan a escalar, y lo mejor de todo es su gente, amable, cariñosa y muy acogedora. Él es un representante digno de ese lugar.
Hoy sus manos no tienen la fuerza joven, llenas de heridas, por las obras realizadas, lucen callosas, surcadas y resecas. Lidia con sus herramientas y artritis, pero cuando comienza a trabajar ambas manos parecieran dialogar, como si estuviera en sus mejores años. Esta es la historia del mejor artesano que conozco.
La fotografía se hace patente para visibilizar a tantas personas que no abandonan su esencia y convicción por el trabajo manual. El punto de partida fue la vocación de mi padre, ampliado a diferentes emprendedores de la comuna de Padre Hurtado. Artesanos de la madera, metal, textil, quienes han tenido que reinventarse, para no ser aplastados por la industria china y el mercado neoliberal. Con sus manos continúan creando productos exclusivos. Y con mis fotos busco preservar sus memorias, sus historias, sus legados. Darles un poco del respeto que merecen, y reivindicar el olvido de una sociedad ingrata con lo innato y patrimonial. La representación fotográfica en lo cotidiano de cada universo, es un registro con el propósito de plasmar en la memoria la importancia del trabajo manual.
Manos artesanas, que con sus creaciones artísticas fueron alimentando mi imaginación: aves que no volaban, flores sin regadíos, lunas resplandecientes. Destellos ardientes de una forja precaria, tejidos que se entrelazan como la vida misma, tallados campestres con olor a raulí y tierra humedecida.




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